El Efecto "La Más Draga"

Cómo unas plataformas y pelucas redefinieron la cultura mexicana.

Gerardo Estrada

12/17/20253 min read

Desde sus humildes inicios en YouTube hasta llenar auditorios nacionales, el reality show mexicano no solo ha elevado el arte del transformismo, sino que ha forzado una conversación nacional sobre identidad, inclusión y lo que significa ser "mexicano" a través de un lente queer.

Hace una década, pensar que las familias mexicanas se reunirían los martes por la noche frente a una pantalla para debatir acaloradamente sobre si un atuendo inspirado en un alebrije merecía ganar un reto de drag, parecía una fantasía. El drag, aunque siempre presente en la vida nocturna de México, estaba relegado a los márgenes; era un secreto a voces, un espectáculo para la madrugada en lugares específicos de la Zona Rosa o bares locales.

Hoy, gracias al fenómeno imparable que es "La Más Draga" (LMD), ese secreto ha estallado en colores neón y pedrería, convirtiéndose en uno de los motores culturales más importantes del país y un catalizador inesperado para la aceptación social LGBTQ+.

De YouTube para el Mundo: El Triunfo de lo Independiente.

Nacido en 2018 como una apuesta independiente de los productores Bruno Olvez y Carlo Villarreal, LMD surgió en un momento donde la sed de representación queer en español era inmensa. Mientras franquicias internacionales como RuPaul’s Drag Race dominaban el panorama global, México necesitaba su propia voz.

La genialidad de LMD no fue inventar el formato de competencia de drag, sino mexicanizarlo radicalmente.

A diferencia de sus contrapartes anglosajonas, "La Más Draga" entendió que para conectar con su audiencia, tenía que hablar su idioma—no solo el español, sino el lenguaje de la cultura popular mexicana, el folclore, la historia y el melodrama de telenovela. Al poner retos basados en la Revolución Mexicana, el cine de oro, las leyendas prehispánicas o la iconografía religiosa, el programa hizo algo revolucionario: reclamó la identidad nacional desde la disidencia.

El Impacto Social: Humanizando la Lentejuela.

El verdadero poder del programa va más allá de las pasarelas espectaculares. Reside en la humanización de sus participantes, las "feminosas".

En un país donde la homofobia y la transfobia siguen siendo problemas estructurales graves, ver a artistas drag (muchas de ellas personas no binarias o mujeres trans) desmaquillarse frente a la cámara y compartir historias de rechazo familiar, violencia sistémica, pero también de amor propio y resiliencia, ha sido un ejercicio masivo de empatía.

LMD ha puesto rostros humanos a estadísticas frías. Ha permitido que una audiencia heterosexual vea más allá del personaje exótico y conecte con la persona detrás del maquillaje. Esta visibilidad ha sido crucial para normalizar el arte drag no como una "desviación", sino como una profesión artística legítima que requiere talento multidisciplinario: maquillaje, costura, actuación, comedia y baile.

La "Jotería" como Marca Nacional.

El impacto cultural se mide también en cómo el programa ha permeado el lenguaje cotidiano. Frases icónicas de jueces y participantes ("¡Díganme mi amor!", "¡Esa es mi hija!", "La que más") se han integrado al vernáculo de la generación Z y millennial, trascendiendo la comunidad LGBTQ+.

Las ex-participantes son ahora celebridades nacionales que agotan fechas en teatros de toda la República, protagonizan campañas publicitarias y son invitadas a programas de televisión abierta que hace años las hubieran censurado. LMD demostró a las marcas y a los medios tradicionales el poder adquisitivo y la lealtad del "peso rosa".

No Todo es Color de Rosa: Los Retos del Crecimiento.

Sin embargo, el camino hacia la aceptación no es lineal. Con la masificación del programa también ha llegado el escrutinio. El programa ha enfrentado críticas sobre el manejo de temas sensibles, el favoritismo percibido en el panel de jueces y, a veces, una toxicidad desbordada por parte de un fandom apasionado que a veces olvida que detrás de la pantalla hay personas reales.

Estos dolores de crecimiento son, paradójicamente, una señal de madurez del formato. El drag mexicano ya no pide permiso para existir; ahora exige excelencia y responsabilidad a las plataformas que lo exponen.

El Legado de la "Más".

Mientras el programa se prepara para futuras temporadas o formatos "All Stars", su legado ya es innegable. "La Más Draga" demostró que México estaba listo para celebrar la diversidad, siempre y cuando esta viniera envuelta en su propia bandera, con mucho drama, talento y, sobre todo, con el corazón por delante.

El show nos enseñó que la mexicanidad no es un concepto monolítico y macho, sino un tapiz vibrante donde también caben las tacones de 20 centímetros, el delineado perfecto y la libertad absoluta de ser quien uno quiera ser. Y eso, en sí mismo, es una revolución cultural.